ALLOTMENT GARDENS: LA VIDA MÁS ALLÁ DEL CEMENTO

 en Itinerantur te cuenta, Microdocumentales

Constantemente hablamos sobre la importancia de mantener la vida humana ligada a la naturaleza. No obstante, la
industrialización ha hecho que cada vez sea más difícil encontrar un medio de
subsistencia en los entornos rurales, con la consecuente migración de la
población hacia las ciudades, que ofrecen más oportunidades laborales. Hoy en
día la mitad de la población mundial vive en las ciudades y se calcula que en
el año 2050, un 80% de la población vivirá en los centros urbanos. Ya hablamos
anteriormente de las ventajas de tener árboles en
las ciudades
; hoy vamos un poco más allá.

Algunas familias eligen mudarse
al campo cuando viene el buen tiempo. En épocas de crisis, la mayoría no
podemos plantearnos tener o alquilar una segunda casa, entonces, ¿por qué no
llevar el campo a la ciudad?

Cuando la Revolución Industrial
llegó a Alemania en el siglo XIX, hubo una iniciativa pública para alquilar
unos jardines y ponerlos al servicio de la población urbana, para que los niños
pudieran jugar en un entorno saludable y en armonía con la naturaleza. Al poco
tiempo, los adultos vieron que podían sacarle aún más utilidad a estos jardines
y decidieron cultivarlos, de manera que vieran crecer sus propios vegetales.

Este movimiento se extendió por
toda Europa y se popularizó en países como el Reino Unido, Dinamarca o Suecia.
Es lo que se conoce como allotment
gardens
, pequeñas parcelas en las que cultivar vegetales para el consumo
propio en las ciudades. Sus cuidadores son ciudadanos corrientes aficionados a
la jardinería o a la horticultura pero con poca –o ninguna– experiencia en el
mundo de la agricultura. No pretenden enriquecerse con esta actividad, ya que
no les aporta ningún beneficio económico sino otros muy diferentes. Ulrika Flodin Furås, escritora y fotógrafa y cofundadora de Stadsodling
Stockholm –una iniciativa que apuesta por la agricultura urbana en Estocolmo- declara que esta actividad es mucho más que jardinería, que
es un estilo de vida
.

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Allotment gardens en
Tanto, un barrio en el centro de Estocolmo. Fuente:
http://www.visitsweden.com/

Y es que, en efecto, las ventajas que ofrece esta práctica
son muchas. Desde saber de dónde procede lo que comemos y tener la seguridad de
que no ha sido manipulado genéticamente hasta la satisfacción personal que
produce ver crecer tus propios vegetales. El hecho de que no se utilice el
transporte para preparar estos productos para el consumo también contribuye a
reducir el impacto de la actividad humana en las ciudades. Todo esto pasando
por tener un mayor conocimiento de la naturaleza y aumentar el compromiso
ciudadano con el mundo al que pertenecemos.

Pero no sólo eso, sino que también es una manera de
sociabilizarse lejos de los lugares de ocio estandarizados. A través de las organizaciones como Odla i Stan –“Cultivar en la ciudad”– los ciudadanos pueden intercambiar
conocimientos sobre horticultura y compartir sus inquietudes. Esta organización
de Malmö, ciudad pionera en el allotment gardening sueco, también colabora
con escuelas primarias para transmitir sus valores y con programas de inserción
social dirigidos a inmigrantes que han sufrido estrés postraumático.

No tan lejos de nuestras casas han surgido iniciativas
parecidas que apuestan por un modelo diferente de ciudad, como los Huertos
Urbanos de Benimaclet
, un barrio valenciano. Esta iniciativa se puso en
marcha en el año 2012, tras un acuerdo entre la Asociación de Vecinos del
barrio y el Ayuntamiento de Valencia.

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Huertos Urbanos de Benimaclet, Valencia. Fuente:
http://aulainvisible.blogspot.com.es/

Es reconfortante ver que estas prácticas ya han llegado a
nuestro país, no obstante, necesitamos más conciencia ciudadana para poder
hacerlas realidad, pero sobre todo, más facilidades desde la administración
pública para que estén al alcance de toda la población y hacer, así, un mundo
más verde.