El saber que nos permitió echar raíces

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Los seres humanos como especie dejamos de ser nómadas gracias a algo que hoy nos pasa muy desapercibido: la agricultura. Concretamente en la península ibérica, debemos este saber a las culturas de Oriente Próximo, que nos enseñaron los beneficios de la tríada mediterránea (olivo, vid y cereal) hace más de 10.000 años. El poder cultivar la comida en lugar de buscarla, permite a los seres humanos dejar de ser nómadas y fundar los primeros asentamientos, y con ello las primeras culturas.

Recolección de la aceituna en Micenas, s.VI a.C. Fuente: http://www.oleoelvira.es/  

Una huella imborrable

El paisaje ha sido confeccionado por el hombre a lo largo de miles de años, por lo que se ha creado una relación recíproca entre ambos. Nosotros lo cuidamos, y él nos cuida. Desgraciadamente, hoy en día la fuerte competencia de otros mercados y la escasa financiación que recibe la agricultura, hace que sea una actividad por la que pocos se interesan. Sin personas que lo trabajen, el mosaico de cultivos que reina en nuestros campos desde hace milenios está condenado a desaparecer. Al margen de su evidente función como despensa, los paisajes agrícolas se han convertido con el tiempo en algo más que eso, se han convertido en patrimonio. Un ejemplo claro son nuestros famosos olivos milenarios.

“Olivo de cuatro patas” en Canet lo Roig.

El campo es antiguo, y sus cuidadores, mayores

Actualmente, la mayoría de explotaciones agrícolas de nuestro país están siendo trabajadas por nuestros mayores, que son los que realmente lo conocieron como un modo de vida. No debemos olvidar que todo lo que consumimos, incluso los alimentos procesados, tienen su origen en el campo. Alguna vez en la vida vamos a necesitar un médico, un abogado, un electricista… pero todos los días vamos a necesitar un agricultor.

La escasa subvención que recibe el campo hace a su vez que los jóvenes no se interesen por este sector, dada la falta de incentivos. No obstante, si vemos el campo como algo más que la despensa del mundo, y lo vemos como un patrimonio creado por nosotros durante tanto tiempo, será más fácil la tarea conservarlo. ¿Qué diferencia a una catedral de un olivo milenario? Si nos basamos en la antigüedad, la naturaleza es el legado más antiguo que tenemos, y que forma parte de nosotros desde que decidimos asentarnos como especie. Aunque la prioridad sobre qué cultivar ha ido variando a lo largo de la historia, lo que está claro es que la mano del hombre siempre ha estado detrás durante la creación de estos paisajes.

Olivo monumental en Canet lo Roig.

Para nuestra tarea como traductores de paisajes, en lo que a paisajes agrícolas se refiere, necesitamos a gente que los escriba primero, y esa gente son los agricultores. Lo importante es la puesta en valor del campo, saber valorar su importancia real y ser conscientes de que es algo que vamos a necesitar toda nuestra vida.

Para acabar dejamos aquí una reflexión final: “Cuando talemos el último árbol, matemos al último animal y sequemos el último río, nos daremos cuenta que el dinero no se come”.