Blog

ESCLAVOS DEL PLÁSTICO (final): OTRO MUNDO SÍ ES POSIBLE.

Con esta última entrega de la serie ESCLAVOS DEL PLÁSTICO acabamos nuestro repaso a las consecuencias que supone el abuso de uno de los mejores y peores inventos del ser humano. Durante varias semanas hemos contado experiencias personales, descrito la peor cara del consumismo, descubierto la esperanza de una niña en la “Rebolución”, y hemos hablado de proyectos de sensibilización únicos.

Por último, y de una forma positiva, describiremos ideas e iniciativas que se centran en cambiar la realidad desde arriba y desde abajo, y daremos sencillos consejos para cambiar esa realidad también desde dentro, desde nuestras vidas. Porque un día fuimos capaces de poner la Naturaleza a nuestro servicio. Porque le debemos muchas disculpas. Porque hemos hecho muchas cosas muy mal y sabemos de sobra cómo arreglarlas. Porque tenemos los medios para ello y de nosotr@s depende. Porque otro mundo sí es posible.

  • DESDE ABAJO. La bombilla de los pobres (y una botella iluminó al mundo…)

El ingenio humano, aquel que nos sacó de las cuevas hace miles de años, sigue bien vivo. Y algunas veces está al servicio de los que menos cuentan en nuestra sociedad.

En 2002, después de un apagón en el suburbio brasileño donde vivía, Alfredo Moser, mecánico, tuvo una genial ocurrencia. Cogió una botella de plástico transparente llena de agua y observó cómo entraba la luz a su través y refractaba hacia todas direcciones con asombrosa potencia. Et voilà! Un agujero en el techo de una chabola sin ventanas, encajonada entre otros miles + una botella llena de agua con un poco de lejía (para evitar proliferación de algas en su interior) + dicha botella fijada con resina en aquel agujero + luz solar atravesándola hacia el interior de la vivienda. Resultado: entre 40 y 60 vatios de potencia lumínica durante todo el día iluminando las vidas de cientos de miles de familias.

Solo en EE.UU. se generan todos los años 1.5 millones de toneladas de residuos procedentes de las botellas plásticas. Solo en Filipinas 140.000 hogares ya han recurrido a este re-evolucionario sistema de iluminación. Sin facturas. Sin petróleo. Para tod@s.

Fuente: www.elconfidencial.com

  • DESDE ARRIBA. ¿Es posible recoger la mayor parte del plástico de los océanos de una forma viable a escala humana?

Parece ser que… No. Al menos eso es lo que la mayoría de expert@s en el tema piensan de la idea de Boyan Slat (19 años), un jovencísimo inventor holandés que, a base de trabajo, estudio y bastante ingenuidad, ha creado The Ocean Cleanup, una iniciativa para recoger (y reutilizar) buena parte de todo el plástico acumulado en los giros oceánicos (ver “Esclavos del plástico (2). La Gran Isla de los Plásticos: el Cáncer del Mar”). Aunque su viabilidad aún está en fase de estudio –y parece que ahí se quedará-, es ciertamente sorprendente. Y su fundación ya ha conseguido, mediante CrowdFunding, 90.000 € para ese estudio. Sin embargo, Boyan es contundente: “sólo cambiando nuestros hábitos de consumo de envases y aumentando nuestra conciencia global sobre el inmenso problema que tenemos frente a nosotros, se podrá realmente poner freno a esta barbaridad”. Porque además, y según Stiv Wilson, uno de los más reputados oceanógrafos del mundo y el verdadero conocedor del cáncer del mar, “la verdadera solución está en tierra.”

¿Harán caso de estas (pero sobre todo de otras más serias) iniciativas los gobiernos de los países occidentales, los mayores responsables de este problema de proporciones catastróficas? Por el bien de tod@s, que así sea.

Fuente: vr-zone.com

  • DESDE DENTRO: Piensa globalmente, actúa localmente. Aunque suene a tópico, es así y solo así.

A no ser que cambiemos nuestros hábitos de consumo (y es en eso en lo que realmente coinciden todos l@s expert@s oceanógrafos mundiales) no será posible acabar con el desproporcionado problema del plástico. Tenemos que pensar que no solo mata a cientos de miles de animales marinos todos los años en océanos que, muchos de nosotros, no llegaremos a ver nunca, sino que es un gravísimo riesgo para nuestra salud también. Como ejemplo: se han encontrado (ojo al dato) más de 24.000 productos químicos diferentes en 18 aguas embotelladas distintas, según un estudio del Instituto Federal de Hidrología de Alemania y de la Universidad Goethe de Frankfurt. Entre otros, se han detectado multitud de disruptores endocrinos que afectan a nuestro sistema hormonal, causan cánceres, afectan al desarrollo corporal y un largo etcétera. Y eso solo en las aguas embotelladas, pero ¿y en el resto de productos alimenticios que alegremente compramos todos los días de nuestra vida? ¿Y en el pescado que comemos, que ha comido otros peces que, a su vez, han comido invertebrados que, a su vez, han comido microplásticos marinos? Así podríamos seguir casi infinitamente.

Sin embargo, somos nosotr@s los que podemos acabar con todo esto de forma individual, mejorando nuestras vidas para mejorarlas todas, sin esperar a que milagrosos inventos o paternales gobiernos vengan a sacarnos del apuro. Es sencillísimo y no cuesta nada, ni tiempo ni dinero. ¿Cómo lo hacemos?

  • Reduciendo (incluso evitando completamente) el consumo de productos envasados en plástico. El vidrio, por otro lado, se recicla en un porcentaje altísimo (el 70% en España) y no contiene productos químicos como los comentados anteriormente.
  • Bebiendo agua del grifo (hasta ahora no ha muerto nadie por ello en el mundo industrializado). Hay filtros físicos de muchos tipos para quitarle la cal y cualquier sabor que tu paladar rechace.
  • Declinando amablemente el ofrecimiento del vendedor: “sin bolsita, gracias, llevo la mía”. Al menos, mete la mayor cantidad de productos en el mínimo número de bolsas.
  • Comprando alimentos de cercanía en las tiendas de tu barrio, de esos que no ha hecho falta envasar para transportarlos miles de kilómetros hasta el supermercado. Ah, y no son más caros, no nos creamos esas falacias. En los productos del supermercado que se venden en cantidades ingentes no se están contando las pérdidas que supone para los productores su venta al precio exigido por la correspondiente cadena de súpers, ni tampoco los costes medioambientales de su producción industrial, su procesamiento, su envasado y su transporte.
  • Exigiendo en tu supermercado que eliminen completamente el reparto de bolsas de plástico o su sustitución por bolsas biodegradables (aunque el sentido común nos dice que llevemos nuestras propias bolsas de tela).
  • Almacenando en casa y, después, tirando cualquier envase en el contenedor correspondiente. Aunque solo una parte se vaya a reciclar, juntándolos todos en un mismo contenedor se facilita mucho el transporte y la posterior clasificación en la planta procesadora, reduciéndose considerablemente el gasto energético,  la más que posible dispersión de plásticos y su segura llegada al medio natural (terrestre o marino).
  • Haciendo que cunda el ejemplo, comentándolo con nuestr@s familiares y vecin@s, demostrándolo públicamente sin vergüenza, poniéndolo en práctica a la vista de tod@s.
  • Y lo más importante: siendo conscientes de las consecuencias que supone, para la Tierra y para todos los que la habitamos, el consumo indiscriminado de plásticos. Sabiendo, por último, que si tod@s seguimos estas reglas tan sencillas el cambio no se hará esperar. Otro mundo no será posible. Será REAL.
Comparte en tus redes:

12 de noviembre de 2013

Otras noticias que pueden interesarte:

Archivo