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ESPECIE INVITADA: El olmo (“Ulmus minor”)

Los olmos (Ulmus minor) son árboles caducifolios o semicaducos que comenzaron a habitar nuestro planeta mucho antes de la llegada de los humanos, hace aproximadamente 100 millones de años. Son árboles muy adaptativos, ya que son capaces de soportar sequías, heladas e, incluso, la contaminación. Estos árboles se desarrollan junto a las riberas de los ríos, pero para aprovechar esos fértiles terrenos muchos de ellos fueron eliminados. En el caso del Mediterráneo, las viñas crecieron junto a los olmos ya que estos les sirvieron de soporte desde que los griegos comenzaron a plantarlos unos al lado de los otros. Además, era tradición antiguamente plantar un olmo en la plaza de los pueblos; se trata de una especie que forma parte de nuestra cultura y patrimonio desde tiempo inmemorial.

Unos elementos que caracterizan a este noble árbol son sus hojas asimétricas. Estas hojas son el mayor indicador de la salud del olmo, que será buena cuando en ellas encontramos pequeños insectos que se alimentan de ellas. Sin embargo, también son las encargadas de mostrar las primeras señales de peligro. Después de la primera Guerra Mundial, en Europa comenzó a expandirse un hongo que, casi siempre, termina con la vida del olmo. A esta epidemia se le llama “grafiosis” y el hongo que la provoca es el Ceratocystis ulmi. Este hongo se propaga rápidamente por el árbol, y este, como defensa, bloquea o cierra los vasos conductores de la savia, lo que provoca su muerte en menos de 20 días. Pero, ¿cómo se propaga? El portador de este hongo mortífero para nuestros olmos es la galeruca del olmo (Xanthogaleruca luteola), un pequeño escarabajo de pocos milímetros de tamaño. Estos pequeños insectos se reproducen en los troncos de los árboles enfermos o moribundos. Sin embargo, se alimentan de olmos sanos haciendo una pequeña herida en sus ramas, a través de la cual el hongo entra en el organismo del olmo.

Durante las últimas décadas se han perdido entre el 80 y el 90% de los olmos de Europa y América, pero en el continente asiático los olmos han generado resistencia a este hongo, habiéndose inmunizado y conviviendo junto con él sin problema alguno. Aquí en Castellón todavía podemos encontrar pequeños bosques de ribera repletos de olmos, como es el caso del Clot de la Mare de Déu, en Burriana.

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1 de septiembre de 2021

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