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La alimentación: la gasolina de nuestro organismo

El ritmo de vida actual es frenético. ¿No os ocurre que a veces sentís que necesitáis más horas al día para poder llegar a todo? La casa, el trabajo, la familia, amistades, responsabilidades…

Pausa.

Respira.

Con todo este frenesí de tareas nos estamos olvidando de que muchas de nuestras necesidades diarias requieren de tiempo y paciencia. Por ejemplo, nuestra alimentación. Con las prisas de nuestra agitada vida diaria recurrimos en ocasiones a soluciones fáciles: alimentos prefabricados, procesados, congelados… Sin embargo, la alimentación es una de las bases de nuestra salud física y mental, así que ¿realmente vale la pena?

Los procesados y congelados están pensados para que duren mucho tiempo. ¿Cómo hacemos para que esos alimentos “frescos” así se mantengan? La respuesta es una cantidad desproporcionada de productos químicos, algunos de ellos dañinos para nuestra salud si los consumimos en demasía. Sin embargo, en nuestra atareada y caótica vida, no siempre tenemos tiempo para acudir a la verdulería o carnicería más cercana y comprar los productos frescos que consumiremos en los próximos días, ¿no es así?

Volvemos a lo de siempre: hemos perdido valores y costumbres saludables que, probablemente, nuestros padres o abuelos no hubieran dudado ni un segundo. Porque, al igual que ellos, tenemos responsabilidades, sí, pero ¿en qué momento decidimos que nuestra alimentación no era una de ellas?

 

Al adquirir conciencia sobre la alimentación saludable no solo nos estamos cuidando a nosotros mismos, ya que, en cierta manera, también tomaríamos conciencia sobre una alimentación más justa y un consumo más responsable.

Desde Itinerantur no os vamos a dar ninguna dieta milagrosa, ni el secreto para una salud de hierro. Sin embargo, sí que os podemos dar algunos consejos sobre alimentación consciente y consumo responsable que hemos adquirido a lo largo de los años. Cuando pensamos en alimentación saludable, probablemente, el quid de la cuestión sea el consumo de alimentos frescos: cuantos más, mejor. ¿Y dónde podemos encontrar alimentos frescos y de calidad? Tenemos varias opciones, como por ejemplo en nuestros comercios locales o los mercados diarios/semanales de nuestro barrio, ciudad, pueblo, etc. De este modo no solo estamos contribuyendo a mejorar nuestra salud, también estamos consumiendo local, de cercanía, de forma responsable, apoyando a nuestros productores. Otra forma de consumo responsable es consumir aquellos alimentos que se encuentran en temporada y que se producen en nuestra zona, evitando los largos, y contaminantes, transportes desde otros lugares del planeta y el uso de excesivos productos químicos para mantenerlos frescos.

 

Otro hábito que hemos aprendido es dedicarle atención al proceso de comer: desde que estamos cocinando los ingredientes (incluso antes: ¡desde que los compramos!) hasta que masticamos lo que comemos, sintiendo su sabor, olor, textura, atendiendo incluso a su temperatura y color, rasgos que, con las prisas del día a día, olvidamos por completo mientras pensamos en lo que ha pasado en el día y planificamos lo que está por venir, prescindiendo del momento presente, eliminando así buena parte del disfrute que supone comer un alimento de calidad cuando se tiene hambre.

Resumiendo: prioricemos nuestra alimentación como uno de nuestros rituales diarios, al que dedicar tiempo y meditación. Planificar nuestras comidas, utilizar productos frescos, sin conservantes ni aditivos y tener conciencia de lo que consumimos y su procedencia entre otros aspectos. Además de esto, nunca está de más informarse sobre hábitos saludables, ingredientes dañinos que contienen, qué hay detrás de esta industria, los daños medioambientales que genera la producción de ciertos alimentos, etc. Seamos consumidores responsables.

 

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