Los paisajes culturales como motor de dinamización turística de nuestras comarcas.

 en Turismo responsable

Hace unos meses colaboramos en el número 7 de la revista Memòria Viva del Projecte Patrimoni, dentro del Programa de Extensión Universitaria de la Universitat Jaume I de Castellón. En palabras de los responsables de esta maravillosa publicación anual, “Memòria Viva supone una muestra de la cristalización de muchas pequeñas grandes iniciativas que se desarrollan en nuestros pueblos. Cada una de éstas se debe analizar con detenimiento, teniendo en cuenta que la estructura que las soporta está formada por grupos de voluntarios culturales y personas que destinan su tiempo libre y su esfuerzo en poner en el lugar que le corresponde al patrimonio cultural. Junto a estos, Memòria Viva atesora colaboraciones de especialistas en la comprensión, interpretación, difusión y comunicación de la cultura y el patrimonio.” 

Imaginaos lo orgullosos que nos sentimos de nuestra participación. Nos ha encantado, además, poder explicar nuestra visión de lo que debería ser el Turismo Responsable aplicado a nuestras comarcas rurales, tan llenas de patrimonio natural y cultural y con un sinfín de opciones para un desarrollo económico y humano que sea, de verdad, sostenible, justo y equilibrado.

En este enlace tenéis el artículo en la web de Patrimoni, y a continuación lo reproducimos en nuestro blog de Itinerantur.


El paisaje es el resultado de siglos y siglos de interacción entre los elementos vivos (plantas, animales, hongos, bacterias) y no vivos (rocas, agua, aire) de nuestro entorno. Es el resultado también de la coevolución de estos elementos y de la evolución de aquellas interacciones. Los humanos, por tanto, también hemos sido agentes del modelado de nuestros paisajes, sobre todo en el Mediterráneo –región del planeta habitada y transformada durante miles de años.

Tenemos que ser conscientes de que formamos parte del paisaje que nos rodea, del cual obtenemos, en cada instante, miles de datos, la mayoría imperceptibles. El paisaje es nuestro hábitat (es decir, el conjunto de elementos que nos permite vivir) y nuestro comportamiento altera su forma, su aspecto, su estructura interna y su imagen externa.

El paisaje es, en nuestra opinión y según nuestra experiencia profesional, un importantísimo activo patrimonial y, por tanto, susceptible de ser aprovechado responsablemente por una comunidad local para generar un potencial atractivo turístico que ayude a dinamizar la economía del municipio o la comarca. Esta es la idea que vamos a desarrollar a lo largo de las líneas que siguen.

Un inigualable paisaje mediterráneo visto desde el castillo de Xivert (Alcalà de Xivert, Baix Maestrat).

Paisajes culturales: el mosaico territorial.

Un paisaje cultural es un paisaje natural transformado por un grupo cultural. La cultura (es decir, el grupo humano que lo habita) es el agente transformador, y el área natural es el medio físico en el que esos cambios tienen lugar.

Cuando caminamos por nuestras comarcas, cuando salimos de los núcleos habitados y levantamos la mirada en algún punto que elegimos como mirador, lo que en la mayoría de casos estamos viendo es un bello y complejo paisaje cultural: secanos, frutales, regadíos, masías, huertas, balsas, retales de bosque de ribera, poblados y despoblados, pinares, matorrales, campos abandonados… Es un verdadero mosaico compuesto de diferentes piezas, un “puzzle” territorial que, entre otras cosas:

– nos da una idea muy clara de la gran variedad de organismos que podemos encontrar en él, concordante con la enorme biodiversidad que atesora la ecorregión mediterránea;
– es clave para el movimiento de las especies vegetales y animales entre diferentes espacios -protegidos por ley o no-, es decir que puede funcionar como corredor ecológico;
– nos habla de la adecuada o problemática gestión pasada, presente y futura de nuestros paisajes culturales; y, sobre todo,
– es “una acumulación cambiante de huellas”, como decía en una ponencia el doctor en arquitectura Julián Esteban, “un lugar de memoria” que da cobijo a parte de nuestra historia, costumbres, tradiciones, a nuestra manera de ver la vida y apropiarnos del territorio.

Por todo ello y por más, cabe resaltar la inmensa importancia de mantener vivo y diverso este mosaico -eminentemente agrario en nuestro caso particular y que en ecología del paisaje se conoce como matriz del territorio-, tanto por motivos prácticos (por ejemplo, a mayor diversidad de cultivos mayor seguridad y soberanía frente a plagas, sequías, heladas, incendios…) como para el mantenimiento de la diversidad de fauna y flora asociada a los cultivos y del paisaje que ha marcado nuestras vidas.

Aquí es donde surge un grave problema: ¿cómo mantener vivo un paisaje cultural antiguo, biodiverso, valioso… si hoy nadie o casi nadie vive en él? Dicho de otra manera, ¿cómo conseguir que un número suficiente de personas quiera quedarse a vivir en nuestros paisajes culturales para que sigan siendo, de hecho, paisajes culturales? Desde Itinerantur pensamos que, bien y participativamente planificada, la actividad turística es una respuesta muy factible, pudiendo ser ésta la vía para compatibilizar desarrollo económico equilibrado con conservación y mejora de nuestro medio natural-cultural.

Paisaje cultural en proceso de desaparición en la Serra d’en Galceran. La vegetación mediterránea va cubriendo poco a poco las huellas culturales en él presentes: muros de piedra seca, antiguos cultivos de secano, bancales…

El turismo responsable.

Según todos los indicadores, las nuevas tendencias turísticas alternativas al turismo de sol y playa masificado -como el turismo cultural, el turismo activo y el turismo de naturaleza- muestran claras tendencias al alza. Hay también una creciente sensibilidad de los turistas respecto del estado en el que se encuentran los medios natural y cultural que rodean a sus lugares de vacaciones.

En este contexto, el turismo responsable se podría considerar como un conjunto de iniciativas que apuestan por el turismo local, sosegado, de naturaleza y cultura, que verdaderamente dinamizan a la población del lugar que se visita para que sea ésta la que decida cómo quiere que el forastero conozca su tierra. Lleva implícito, además, un compromiso con el desarrollo equilibrado de las sociedades locales para que todos podamos disfrutar siempre de los paisajes en buen estado de conservación que aún nos quedan.

Sus principios básicos los enunció en 2002 el investigador Harold Goodwin en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) durante la Primera Conferencia Internacional sobre Turismo Responsable en los Lugares de Destino:

1) Minimiza los impactos negativos sobre el medio ambiente, la sociedad y la cultura.
2) Genera mayores beneficios económicos para la población local y, mejorando las condiciones laborales y el acceso a la industria, mejora el bienestar de las comunidades receptoras.
3) Involucra a la población local en la toma de decisiones acerca de su vida y sus estilos de vida.
4) Contribuye positivamente a la conservación del legado natural y cultural y al mantenimiento de la diversidad mundial.
5) Provee experiencias más placenteras a los turistas a través de conexiones más profundas con la población local, y un mayor entendimiento de la cultura local y de sus problemas ambientales.
6) Permite el acceso de personas con discapacidades físicas.
7) Es culturalmente sensible, promoviendo el respeto entre turistas y poblaciones locales.

En resumen, el turismo responsable es una herramienta que puede ayudar a la conservación de nuestro patrimonio natural y cultural a través de su puesta en valor de cara a los visitantes, y puede poner freno al despoblamiento que sufren nuestras comarcas interiores mediante la activación socioeconómica del lugar de destino.

Turistas de naturaleza y cultura practicando, aunque quizá no lo sepan, turismo responsable.

El patrimonio natural-cultural como activo turístico de primer orden.

Para que un destino pueda ser considerado como turístico hace falta, en primer lugar, la existencia de elementos del medio humano o natural que atraigan a los visitantes. En el caso mediterráneo lo primero que se nos viene a la mente son las playas y el buen clima. Pero el modelo turístico basado en estos factores, preponderante desde mitad del siglo XX, está llegando a su fase de saturación si no es que ya la ha alcanzado. Existen incluso dentro de la Unión Europea destinos de sol y playa más vírgenes, más exóticos, más baratos… que nuestras maltrechas costas que, inevitablemente, absorberán cada vez a más número de turistas.

Así, las comarcas (interiores o costeras, da igual) que aún conservan paisajes llenos de patrimonio natural en buen estado de conservación tienen una oportunidad muy buena de ponerlo en valor con el fin de dinamizar las economías locales aprovechando el creciente número de personas interesadas en el turismo alternativo al de sol y playa. Es más, tienen la oportunidad de no cometer los errores que se han cometido en otras partes de nuestro territorio donde, desgraciadamente, una capa de asfalto o de turistas en masa ha cubierto los importantes recursos naturales que poseían.

Además, y como siempre decimos en Itinerantur, en el medio mediterráneo naturaleza y cultura siempre van de la mano: no se puede entender nuestro paisaje sin la intervención ancestral del ser humano para su aprovechamiento, de la misma forma que nuestras costumbres se han amoldado a las características naturales de nuestro territorio. Muros, bancales, acequias, balsas, masías, huertas, caminos empedrados, barracas, molinos, abrevaderos… salpican nuestros paisajes culturales hasta donde alcanza la vista y otorgan a nuestros municipios un inmenso valor sumado a la importancia ambiental de nuestros ecosistemas súper biodiversos.

Uno de los autores enseña a un grupo de visitantes la antigua noria hidráulica de Marimon, inmersa en el incomparable paisaje del mar de olivos de Canet lo Roig (Baix Maestrat).

La necesaria participación pública en la dinamización turística.

Según los criterios del turismo responsable, el siguiente paso para conseguir un destino turístico en el que prime la calidad frente a la cantidad y que sea sostenible ecológica, cultural y económicamente, es la voluntad de la población local para que así sea. Una vez se consigue, hace falta una auténtica planificación pública de la actividad turística basada en esta misma voluntad de la población local de poner a disposición de los visitantes los paisajes de su municipio y sus recursos naturales y culturales. Y para ello, según nuestra opinión, es esta misma población local la primera que tiene que conocer en profundidad su patrimonio natural y etnológico para sentirlo realmente como propio, amarlo y poder decidir con criterios sólidos cómo, cuánto y hacia dónde quiere que evolucione; si quiere conservarlo como está o no; si lo necesita para sobrevivir y/o puede destinarlo, por el contrario, al ocio saludable de sus gentes; si lo que quiere es transformarlo para devolverle formas y usos perdidos o adaptarlo a nuevos usos respetuosos o no con la diversidad cultural y biológica local… Hay, al fin y al cabo, toda una serie de opciones que, dependiendo siempre del marco legal vigente y de otros condicionantes externos, tienen que estar en manos de la voluntad de la población, la cual es el artífice principal de nuestros paisajes actuales.

La saca del corcho en los alcornocales del Parque Natural de la Sierra de Espadán es una forma sostenible de aprovechamiento de los recursos naturales y una fuerza ancestral de transformación del medio en un paisaje cultural.

La Interpretación del paisaje como herramienta para la dinamización local.

“La interpretación es el arte de explicar al público el carácter de un lugar, especialmente a los visitantes casuales, de forma que tomen conciencia del significado del sitio que visitan y desarrollen el deseo de conservarlo.” (Countryside Commission for Scotland)

“La interpretación consiste en ayudar a enamorar. El patrimonio natural y cultural necesita ser querido. En ese sentido, no debería molestar a los intérpretes ser tildados de alcahuetes, de amables celestinas ocupadas en descubrir al visitante los más secretos atractivos, las más disimuladas virtudes del espacio –Parque Natural, conjunto histórico, ecomuseo, etc.– que interpretan.” (Miguel Delibes de Castro)

No hacen falta más explicaciones acerca de qué y para qué es la Interpretación del paisaje. Es más, creemos firmemente y sabemos –porque a eso nos dedicamos, de hecho, en cuerpo y mente– que acercar la Interpretación del paisaje a la población local para que conozca, sienta como propio, ame y quiera conservar su patrimonio, formándola incluso para que sea esta misma población la que después interprete su paisaje frente a los visitantes de la localidad, es indispensable para la puesta en valor del patrimonio natural y cultural de forma sostenible y para su correcta gestión en el marco de una actividad turística participativa y responsable.

Un ejemplo práctico surgido de nuestra experiencia.

Dentro del Programa de Extensión Universitaria de la Universitat Jaume I de Castelló, en el Projecte Patrimoni, Itinerantur participa con un taller de Iniciación a la interpretación del paisaje municipal para su mejora y conservación. Consiste en hacer que los asistentes, normalmente un grupo consolidado de voluntarias y voluntarios del municipio con interés en conocer y dar a conocer el patrimonio local, descubran las características más sobresalientes de su paisaje (los “cómos”, los “por qués”) y se planteen qué quieren de esos paisajes en un futuro: ¿quieren un paisaje seguro, diverso, estéticamente bello, resiliente, productivo, habitable, agradable?

Un momento del desarrollo de nuestro taller de Iniciación a la interpretación del paisaje municipal para su mejora y conservación, en Costur (l’Alcalatén).

Después de una pequeña introducción general sobre los conceptos más necesarios para empezar a entender el paisaje como algo más que la suma de sus partes, seguida de un recorrido por las unidades paisajísticas más determinantes de la naturaleza local donde los y las excursionistas van tomando notas de lo que consideran más importante –vegetación, fauna, geología, hidrología, antropización…–, se realiza una puesta en común participativa donde es el grupo el que habla y propone acciones para mejorar, restaurar, conservar y volver a poner en valor su territorio. Porque no nos engañemos: todos hemos pensado muchas veces en lo que nos gustaría que nuestro entorno nos ofreciera (física o emocionalmente), y muchas veces solo hace falta compartirlo con los demás para darse cuenta de que existen voluntades claramente comunes.

Las garroferas de Sot de Ferrer.

Los seres humanos somos muy pequeños geológicamente hablando. Llevamos habitando la Tierra tan solo unas cuantas milésimas de todo el tiempo de existencia del planeta. Ello hace que no podamos evaluar en su justa medida el paso del tiempo y los cambios que se producen en nuestro hábitat. En este sentido, ocurre que la gente del lugar está demasiado acostumbrada a la visión de su entorno y, sin quererlo, pasan por alto factores clave para entender la historia de sus paisajes y detectar los problemas que sufren… O sus potencialidades. Un ejemplo magnífico de ello es el de los monumentales algarrobos que salpican todos los secanos de Sot de Ferrer.

Las “garroferas” han sido un elemento esencial de nuestra forma de vida desde tiempos inmemoriales: han salvado miles de vidas en épocas de guerra y hambruna, nos han endulzado la existencia y han conformado nuestros paisajes mediterráneos tanto como la vid, el trigo o el olivo. Pero quizá por esa percepción sesgada del paso del tiempo las tenemos menos en cuenta que al resto de elementos patrimoniales. Pues bien: al ir a preparar el citado taller de Interpretación del Paisaje en Sot de Ferrer (Alto Palancia, Castellón), nos dimos cuenta de que hay muchísimos algarrobos de porte monumental que podrían tener cientos, incluso miles de años. Son claramente un patrimonio cultural y natural digno de conservar. Nadie en el grupo de voluntarios que asistían a la actividad se lo había planteado nunca, pero fue simplemente hacerlo notar por nuestra parte y, enseguida, empezaron a surgir las ideas: “hay que tomar las medidas de los árboles”, “podríamos ubicarlos en un mapa”, “vamos a fotografiarlos y catalogarlos”, “¡se podría incluso fabricar chocolate de algarrobas milenarias y venderlo!”

Uno de los participantes del grupo de voluntarios de Sot de Ferrer explicando al resto el funcionamiento de un antiguo horno de cal.

De forma participativa y en tan solo un momento surgieron varias ideas para conservar un elemento patrimonial importantísimo antes casi olvidado y, a la vez, apareció un posible atractivo cultural y natural a partir del cual poder articular un pequeño destino turístico potencialmente responsable y claramente sostenible. Si a ello sumamos el resto de elementos naturales y etnológicos de ese y de tantos otros pueblos (el río, los montes, las costumbres, la arquitectura tradicional…) se puede entender la gran oportunidad de desarrollo equilibrado de nuestras comarcas a través del turismo responsable de la que hablábamos antes.

Como se puede adivinar, ésta es la faceta preferida de nuestro trabajo, el momento en el cual nos sentimos, como empresa, verdaderamente útiles e integrados en nuestro entorno: pasamos de ser una institución más o menos virtual e intangible a una herramienta con la cual remover pensamientos, poner patas arriba mitos y prejuicios asentados cómodamente en nuestro territorio para, al final, canalizar preocupaciones y convertirlas, entre todos, en ideas, cambio y renovación. Y si esas ideas surgidas de la participación de todos y del amor por nuestro patrimonio pueden abrir nuevas oportunidades de desarrollo en nuestras comarcas, ya merece la pena todo el esfuerzo puesto en ello.

El grupo de Sot de Ferrer (Alto Palancia) a la sombra de uno de sus monumentales algarrobos.