¿Me lo dices o me lo cuentas? El guía 2.0

 en Turismo responsable

Todos, en algún momento, hemos utilizado los servicios de un guía en alguna visita turística. Pero, ¿qué recuerdas más de la experiencia: el guía o el elemento explicado?

Normalmente es un 50/50 ya que tan importante es el recurso en sí como la manera en que nos acercamos a él. No solo lo que nos cuentan sino cómo nos lo cuentan; y en este sentido, un guía intérprete es un nivel más en lo que a ser guía se refiere, ya que no se limita a transmitir información sino que se adapta al público que le escucha. ¿El objetivo? Conseguir que sea atractivo para todos.

 

 

Como ya sabéis, actualmente disponemos de un montón de formas diferentes para adquirir información sobre un lugar, desde las típicas guías, folletos en papel o bien mediante los itinerarios autoguiados a través de paneles. Y por supuesto está Internet. Seguro que cuando viajáis, visitáis un museo o un monumento lo primero que hacéis es poner su nombre en el buscador. Y sí, probablemente os saldrán cientos de entradas repletas de datos y de información. No hay que negar que esto supone un gran avance y que es genial disponer de tantos recursos, pero muchas veces acaba por saturarnos. Es entonces cuando cobra sentido nuestro trabajo. Claro que todos podemos salir de excursión al campo, pero probablemente no seremos conscientes de la cantidad de maravillas que esconde, ya sea la corteza de un árbol, el aroma de una planta o las extrañas formas que encontramos en las rocas. Puede que tampoco sepamos leer las pistas ocultas que han dejado nuestros antepasados o quizá no lleguemos a distinguir la gran cantidad de fauna que, aunque no siempre la vemos, está ahí, observándonos. Y seamos sinceros, podemos ir con un folleto o leyendo posts en nuestro Smartphone, pero… ¿Al final no vamos al campo a disfrutar? Esa es en realidad la tarea del guía intérprete, nuestra tarea: enseñar, mostrar, distinguir el grano de la paja y contar lo más relevante, lo más interesante. Despertar la curiosidad y, sobre todo, hacer pasar un buen rato.

 

 

Pongamos un ejemplo. Imaginaos un texto en “times new roman”, tamaño 12, que dice lo siguiente: “El Pleurodeles waltl es un anfibio que habita en la península Ibérica y que pertenece a la subfamilia pleurodelinae y al orden caudata…”  (zzzzzzz)  ¿Y si en lugar de eso os decimos que este animal se llama “ofegabous” en valenciano debido a su capacidad de extraer las costillas del cuerpo, y que se le creía capaz de asfixiar a un toro (de ahí su nombre vulgar valenciano) en caso de que se lo tragase en un abrevadero?

Algunos datos o tecnicismos son importantes y debemos darlos, pero seguro que gracias a esta curiosidad, ahora os apetece conocer un poco más  a este pequeño, el único tritón autóctono de la Comunidad Valenciana que algunos peques nos han confesado que les recuerda… ¡a un pepinillo!

Como veis, no se trata de sobrecargar de datos a los visitantes, sino de recopilarlos y preparar una selección diferente para cada tipo de público. Adaptarse y ser capaz de transmitir nuestros conocimientos,  los valores y los sentimientos que nos despierta aquello que contamos. ¡Es un trabajo apasionante y es el nuestro!

Cada día leemos y estudiamos. Cada día, compartimos experiencias extraordinarias y aprendemos,  además de los libros, de todos aquellos que en las rutas o actividades también nos transmitís vuestros saberes, conocimientos y sensaciones.

Al final, el éxito de nuestro trabajo reside en acercar nuestro territorio a todos aquellos que lo visitan, no solo enumerando sus características sino contando su historia y transmitiendo su valor. Conseguir que el público (ya sean turistas o la población local) se enamore de él tanto como lo estamos nosotros, y  así, todos juntos, trabajar para conservarlo.