PLANTAS NAVIDEÑAS

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Especial de plantas navideñas

Durante la Navidad nuestras casas se ven inundadas de una decoración diferente, en la que abundan todo tipo de plantas que crecen en nuestros bosques mediterráneos. El árbol de navidad, los centros de mesa, las coronas navideñas… un amplio abanico de decoración típico de estas fechas tan especiales. Pero, ¿qué más sabéis sobre estos adornos naturales?

 

El acebo (Ilex aquifolium)

Algo más que una planta ornamental

Es quizá una de las plantas más representativas de la Navidad, con sus llamativas bayas rojas, que ofrecen un lindo contraste con los árboles caducifolios de nuestros bosques por estas fechas. Aunque hoy en día se usa como planta meramente ornamental, en el pasado tuvo otras utilidades, sobre todo medicinales.

De color rojo intenso, las bayas del acebo contienen toxinas que pueden llegar a ser letales para un ser humano, sin embargo, históricamente han tenido también un uso medicinal a modo de purgante, consumido en pequeñas cantidades. Sus hojas, por otro lado, también tienen propiedades medicinales y se utilizaban en infusión para tratar enfermedades como la gota, la inapetencia, la fiebre, la gripe…

Símbolo de la Navidad desde su mismo origen

Nuestras fiestas navideñas, aunque no entendidas de este mismo modo, tienen su origen en las culturas celtas anteriores al cristianismo, que entendían por este período un cambio en el ciclo agrícola. Para ellos el acebo se llamaba “Tinne”, que significa algo así como «el guardián de la sabiduría durante la época oscura del año», siendo el rey de dicha época invernal. Si lo plantabas en tu casa te traería buena suerte y haría el invierno más suave.

El cristianismo adaptó esas creencias paganas a su propio calendario festivo, aunque con otro nombre, pero el acebo siguió presente en el simbolismo de la celebración. Tal es así que ha llegado hasta nuestros días como uno de los símbolos más reconocibles de la Navidad en todo el mundo.

Por supuesto, en la provincia de Castellón podemos encontrarlos viviendo en nuestros bosques, aunque solo en algunos lugares específicos. Como planta amante del frío, la sombra, la humedad y, sobre todo, la altura, la podremos encontrar fácilmente en los Parques Naturales del Peñagolosa y de la Tinença de Benifassà. Pero recordad, aunque resulte tentador coger un poco para adornar nuestro centro de mesa, es mejor dejarlo donde realmente debe estar, en el bosque, porque además está legalmente protegido.

 

 

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 El muérdago (Viscum album)

Un huésped muy especial que “vuela” entre los árboles

El muérdago es una planta hemiparásita que crece sobre algunos árboles, tanto coníferas como de hoja caduca, y se infiltra literalmente en sus ramas. Aunque sí se aprovecha de su huésped, no se considera una planta totalmente parásita ya que puede realizar la fotosíntesis. Sus frutos, que una vez maduros se vuelven translúcidos y desarrollan una textura viscosa, son uno de los alimentos preferidos de los zorzales y otro tipo de aves que transportan las semillas de un árbol a otro pegadas en sus picos.

Tras quitárselas de encima frotando sus picos contra las ramas de los árboles, una vez pegadas, las semillas germinan e incrustan sus “raíces” (llamadas haustorios) en la madera del árbol. En el mundo existen más de 1.300 especies diferentes de muérdago, por supuesto algunas de ellas en nuestros bosques, y ha sido utilizado como planta medicinal cargada a su vez de un fuerte simbolismo en diversas celebraciones antiguas. Se trata de una planta muy utilizada por algunas culturas, sobre todo por los galos… ¿Os suena alguno en particular que hiciese algo con plantas medicinales?

Uno de los ingredientes de la famosa poción mágica de Astérix y Obélix

Los druidas galos ya conocían las propiedades medicinales del muérdago hace milenios, de hecho, era su planta más sagrada, a la que llamaban Rama de Oro, ya que crecía sobre el mismísimo rey del bosque para ellos: el roble. Su cultivo y recolección, solo autorizado a los druidas, se realizaba mediante un sofisticado ritual que consistía en cosecharlo con una pequeña oz de oro que no podía tocar el suelo. Si no, perdía todo su poder celestial.

El famoso druida Panorámix lo utilizaba como uno de los ingredientes de su poción mágica, como hacen referencia decenas de capítulos del tebeo Astérix y Obélix, cosechándolo también con su pequeña hoz de oro.

¿Por qué nos besamos bajo el muérdago?

Durante la Navidad, el muérdago es conocido mundialmente por la tradición de besarse bajo él, y aunque parezca algo muy actual que todos hemos conocido mayoritariamente a través del cine, lo cierto es que esta costumbre se remonta a las culturas de la antigua Grecia, donde era símbolo de fertilidad por su color verde permanente, y también del amor, por lo que se colgaba en la entrada de las casas para atraer la buena suerte, popularizándose los abrazos y los besos bajo él.

 

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Flor de Pascua (Euphorbia pulcherrima)

Aunque su uso ornamental en Navidad está más que extendido en nuestra cultura, esta flor no es originaria de Europa, sino de México y América Central. Los antiguos mexicas la llamaban cuetlaxochitl, que significa “flor de fuego”, y sus sacerdotes la utilizaban para adornar sus jardines y sus templos. Con la llegada de los españoles, los monjes franciscanos las utilizaron para adornar también los altares de sus iglesias y las rebautizaron como flor de Nochebuena.

La fama de la flor de Nochebuena cruzó el océano, y la planta fue llevada del virreinato de Nueva España hasta el continente europeo donde se popularizó su uso ornamental. Actualmente la mayor demanda de flor de Pascua del mundo viene de EEUU, donde la producción en los invernaderos comienza en agosto. Allí se la conoce como Poinsettia, en honor a Joel Robert Poinsett, primer diplomático del país en México y gran aficionado a la botánica que la introdujo en 1929.

Podríamos considerarla un bonsái

La flor de Pascua, tal como la llamamos nosotros, es en realidad un arbusto que se planta en los meses de verano para que tenga el tamaño idóneo en los meses de Navidad para decorar nuestras casas. En su estado natural llega a tener un tamaño mucho mayor, sus hojas son verdes durante todo el año y adquieren ese típico color rojo solo durante los meses fríos.

Una fama un tanto injustificada

Siempre hemos oído decir que la flor de Pascua es venenosa y que debemos tener precaución con ella, sobre todo por los pequeños de la casa. Sin embargo, se ha demostrado que no son venenosas sino ligeramente tóxicas: solamente pueden tener algunos efectos adversos como irritación de la piel al contacto con la savia, o estomacal si se ingiere. Por lo demás, es una hermosa planta que le da el toque navideño a nuestro salón todos los años.

 

 

El árbol de navidad

Del roble al abeto

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Ninguna decoración navideña está completa sin el árbol de Navidad, normalmente abeto o pino, presente en todas las casas durante estas fechas. Su origen es anterior a nuestra fiesta de Navidad, concretamente a la celebración del Yule, una celebración de origen nórdico dedicada a la fertilidad, a la familia y a los solsticios, durante la cual se decoraba un árbol sagrado que simboliza el universo. Con la llegada del cristianismo la tradición cambió totalmente.

En el centro de Alemania había un roble al que las tribus germánicas le rendían culto en el solsticio de invierno, hasta que llegó el misionero Bonifacio en el siglo VIII y lo taló ante la atónita mirada de los asistentes. En su lugar les ofreció un abeto, árbol de hoja perenne y que representaba mejor el concepto de vida eterna.

 

Una decoración con significado

Los adornos con los que engalanó Bonifacio este primer árbol de Navidad fueron manzanas, representando el pecado original, y velas, que simbolizaban la luz de Cristo, los lazos, que recordando los vínculos familiares, y finalmente, la estrella, como aquella que guio a los reyes magos hasta Belén.

Aunque esta historia se remonta 1.300 años atrás no será hasta trescientos años después cuando los árboles de Navidad se popularizarán por todo el mundo, y aún así, a España llegó por primera vez en 1870.

Otras fuentes hablan de la diosa Freya (la misma que Venus o Afrodita, diosas del amor y la fertilidad), que era la encargada de llevar unas mágicas manzanas doradas a sus compañeros dioses del Valhala (el Olimpo de los nórdicos) para asegurar su juventud e ímpetu. Los mortales, en esta época del año, colgaban pues manzanas de los árboles para pedir fertilidad y buenas cosechas en el año agrícola que estaba a punto de entrar. Esa tradición, como tantas otras, fue adaptada a las costumbres cristianas más sureñas, y de ahí nuestro actual árbol navideño cargado de brillantes bolitas.