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POR EL DÍA MUNDIAL DE LA EDUCACIÓN AMBIENTAL

13 May, 2021

En un día como hoy en el que se celebra el Día Mundial de la Educación Ambiental (EA), queremos escribir una reflexión sincera sobre lo que significa para nosotros la EA en tiempos de pandemia.

Siempre hemos sabido que esto de la Educación Ambiental era lo nuestro.

Enseñar sobre la naturaleza y sus elementos. Transmitir sus valores. Guiar en la observación de sus procesos y, sobre todo, compartir la pasión por el medio natural y el entorno; por los ríos, por las plantas, el clima, las rocas y los animales que conforman nuestro territorio y dibujan el primer escenario de nuestros paisajes, que nosotros después adaptaremos y modificaremos.

Este trabajo te brinda la oportunidad de compartir con adultos y pequeños (porque la Educación Ambiental se ha de dar también –y mucho- en adultos) los secretos mejor guardados de nuestro territorio.

Te permite ver cómo sus ojos se abren desmesuradamente expresando la sorpresa que produce comprender que los distintos tipos de suelo retienen diferentes cantidades de agua. O que en nuestros bosques viven animales como el tejón y la jineta. ¡O que existen casi infinitas plantas comestibles!

Te permite ver sus sonrisas al amasar una bola hecha de tierra, arcilla y agua a la que después añadiremos semillas para sembrar (como nos gusta llamar) bolitas de vida, semillas de futuro. Y no hablamos solo de los más peques… ¿A quién no le gusta pringarse las manos y jugar como cuando éramos niños? Aunque sea solo un ratito…

Con la pandemia del coronavirus muchas cosas han cambiado. En nuestra vida personal y profesional. En el día a día. También para nosotros la Educación Ambiental ha cambiado.

 

Antes de empezar, nos toca seguir un estricto protocolo de seguridad. Ahora, todo debe ir muy contado y compartimentado; cada material debe estar destinado a una persona o unidad familiar; pero lo más difícil es mantener la distancia, que nos impide chocar las manos, hacer algún gesto cómplice o, simplemente, recibir un abrazo al acabar la experiencia. Todo se siente más encorsetado, perdiendo parte de la frescura natural propia de estas actividades.

Sin embargo, la Educación Ambiental sigue. Nosotros seguimos.

Y es que es en estos momentos cuando más importante se hace volver a conectar con la naturaleza y entender cómo funcionan y se relacionan entre sí cada uno de sus elementos. Desconectar por unos instantes y respirar aire puro. Y jugar. Y aprender jugando. ¡Cuánta gente nos ha dicho en los últimos meses lo agradecidos que se sentían por poder participar en esas actividades! Nosotros también lo estamos.

Y es que no importa posponer los choques de manos un tiempo porque seguimos viendo en sus miradas lo mismo que veíamos antes: expectación, sorpresa, alegría, crítica y reflexión, curiosidad, motivación y diversión. Porque todo eso es la Educación Ambiental. Porque en este mundo cada vez más complejo, con más interacciones a distintas escalas entre lo local y lo global, es fundamental conocer, comprender y valorar aquello que nos rodea. Es necesario, desde todos los ámbitos de la sociedad, esforzarse por mejorar, trabajar y avanzar hacia un mundo (barrio, municipio, región, país…) más sostenible, más equilibrado. Más responsable desde una perspectiva ambiental y humana.

Y eso es justo lo que hace la Educación Ambiental. Igual que cuando plantamos nuestros nendo dango o bolitas de vida, con la EA también estamos sembrando semillas para el futuro.

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