Serie especial: Repaso a nuestra historia y patrimonio (II)

 en Historias de la historia, Series especiales

De la supervivencia a la domesticación

Comienza la domesticación de la naturaleza

Después del Paleolítico entramos en la era del Neolítico, en la que el ser humano cambia su economía caza-recolectora por la ganadería y la agricultura. Este paso del nomadismo al sedentarismo hace que nuestras sociedades cambien y se inclinen por otro modelo de subsistencia y, por lo tanto, por otro tipo de representaciones artísticas.

Surgen los primeros poblados, aunque la ocupación de cuevas y abrigos persiste en algunas zonas, con sus plantaciones de cereal y sus pequeñas granjas, con especies de animales y plantas que se domestican hasta llegar a los ejemplares que tenemos en la actualidad. Así pues, de animales como las cabras salvajes, los jabalís o los uros, nacen las razas de cabras, ovejas, cerdos y vacas que tenemos hoy día, del mismo modo que de primitivas especies de cereal surgen las variedades que seguimos consumiendo hoy.

Es en este período cuando seguramente nació un arte constructivo muy nuestro: la piedra seca. Cuando el humano sedentario necesita cultivar y arar un terreno como el nuestro, debe quitarle antes la mayor cantidad de piedras posible. Una vez amontonadas, le debieron de parecer un material de construcción suficientemente abundante y resistente como para desarrollar primitivas estructuras habitacionales o de almacenaje más o menos permanentes. ¿Y qué manera más sencilla y primitiva de hacerlo que sin cemento alguno? Aún hoy, muchos de nuestros paisajes están literalmente construidos en piedra seca.

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Nuestras primeras despensas

Este nuevo modelo de producción necesita guardar ese excedente de alimentos de la agricultura y la ganadería, dando origen a otro tipo de representación artística y cultural: las vasijas o urnas. Es aquí donde surge una de las PRIMERAS REPRESENTACIONES ARTÍSTICAS PURAMENTE DECORATIVAS, no como los grabados o pinturas rupestres, que representan escenas de caza o de la vida cotidiana, más enfocadas a un fin ritual.

Las vasijas han permitido descubrir un sinfín de características sobre los seres humanos de aquel período, ya que podemos saber qué guardaban en ellas, y con ello deducir cuáles eran sus hábitos de consumo. En toda la península Ibérica se han encontrado innumerables yacimientos llamados en algunos casos “campos de urnas” por la gran concentración de restos que hallamos en ellos. Otros elementos característicos de este período son las estructuras megalíticas, enormes monumentos hechos de grandes bloques de piedra, cuyo ejemplo más representativo a nivel mundial sería el famoso monumento de Stonehenge.

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La semilla de la civilización

Esta acumulación de excedente permite por primera vez los intercambios comerciales, y ello despertará la curiosidad de los seres humanos, produciéndose en nuestra especie un crecimiento sin precedentes. La población en el mundo aumentará a un ritmo nunca visto hasta entonces, y surgirán las primeras sociedades jerarquizadas y las divisiones territoriales: ahora el territorio ya no es solo de caza, sino de hábitat permanente. A finales del Neolítico entra en escena otro tipo de material que revolucionará el mundo y dará paso a una nueva era: el Calcolítico o Edad del Cobre. Este metal nos introduce en la Edad de los Metales y provoca una revolución sin precedentes que transformará las sociedades humanas radicalmente. Tras la del cobre vendrá la Edad del Bronce (aleación de cobre y estaño), y finalmente la Edad del Hierro, que en el Viejo Mundo se alargará hasta el s. I d.C.