Serie especial: Repaso a nuestra historia y patrimonio (III)

 In Historias de la historia, Series especiales

3.- El origen del comercio y la civilización

Benicató Itinerantur

Las rutas de intercambio

Tras millones de años de evolución el ser humano se aventuró al mar, dando origen a las primeras colonias comerciales de la historia. Una de las más conocidas es quizá la de Ampurias, del griego emporion  ( Ἐμπόριον, colonia), fundada en la zona de la actual Girona en el año 575 a.C. Estos asentamientos eran puramente comerciales, sin ninguna intención hostil hacia los clanes que poblaban la zona, por lo que el intercambio de conocimientos marca el florecimiento de una nueva etapa cultural, que se caracterizará por el descubrimiento de nuevos productos y cultivos.

De esta época precisamente datan algunos de los monumentos más espectaculares de la provincia de Castellón: los Olivos Milenarios del Maestrat. Estos auténticos monumentos vivientes llevan anclados a este territorio desde que visitantes orientales enseñaron a los nativos íberos como injertarlos en acebuches autóctonos, hace ya más de 2.000 años, y los hispano-romanos los cultivaron a gran escala a lo largo de la Vía Augusta.

No estábamos solos en el Mediterráneo

Además de las pacificas expediciones de griegos y fenicios, hubo otras menos amistosas, como las de los romanos o los cartagineses, que luchaban entre sí por el control del Mediterráneo. Estas dos civilizaciones entraron en la península Ibérica sometiendo a los distintos clanes íberos y haciéndose poco a poco con el control de la zona. Estas poderosas civilizaciones se enfrentan en dos ocasiones por el control del Mediterráneo, lo que se conoce como Guerras Púnicas, de las cuales Cartago saldrá perdiendo en las dos ocasiones.

Tras la caída de Cartago los romanos colonizarán casi toda Iberia y la convertirán en una de sus provincias: Hispania. Los íberos irán paulatinamente mezclándose con los romanos y asimilando su cultura, frenados los conquistadores únicamente en el norte por los clanes de astures y cántabros, y al oeste en Lusitania por el famoso Viriato. Gracias a los metales, al vino y, sobre todo, al aceite de oliva, Hispania se convertirá en una de las provincias más ricas de todo el Imperio Romano, siendo lugar de nacimiento de dos emperadores al inicio de nuestra Era: Trajano y Adriano, bajo cuyos gobiernos Roma alcanzó su mayor extensión.

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Todos los caminos llevan a Roma

Los romanos eran una civilización muy práctica, toda su arquitectura está destinada al ocio o a la comodidad. En nuestra provincia tenemos claros ejemplos de esta arquitectura, como la villa del Benicató o la Vía Augusta.  La villa romana del Benicató (Nules) ejemplifica cómo era una villa agrícola con todas las comodidades de un edificio romano de estas características, incluso calefacción. Por otro lado, la Vía Augusta era la autopista del Imperio Romano que conducía desde el Mediterráneo hispano hasta la capital itálica. Esta impresionante calzada fue la principal arteria del comercio desde Hispania a otras partes del Imperio, y supuso un eje de desarrollo alrededor del cual florecieron numerosas ciudades como Barcino (Barcelona), Saguntum o Valentia. En la localidad de Benlloch podemos encontrar un tramo perfectamente restaurado de esta calzada, sobre la cual se construyeron muchas de las carreteras actuales.

 

Ruta teatralizada en el Benicató