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Turismo experiencial con Itinerantur

Cada vez más, vivimos en un frenesí, empujados por un ritmo de vida insostenible. También lo es la cantidad de recursos que requerimos para resarcirnos por el esfuerzo tan grande de estar compitiendo contra los demás y contra nosotros mismos.  Es quizás, también fruto de esta vorágine, que nos vemos impulsados a hacer turismo a los lugares más alejados, queriendo vivir las experiencias más intensas y cayendo frecuentemente en el error de vivir una pantomima con tintes de parque de atracción en lo que pretende ser un monumento o lugar de gran interés. Ignoramos que en nuestra propia tierra también es posible experimentar un sinfín de sensaciones, siempre y cuando seamos capaces de cambiar el prisma con el que miramos a nuestro alrededor.

Un viaje o escapada puede comprender en sí mismo varios tipos de viajes. Más allá de un viaje hacia otro lugar, lo es también hacia sensaciones nuevas, culturas, gastronomía… y también hacia nuestros orígenes! No debemos olvidar que el ser humano, al igual que cualquier otro animal, procede de la naturaleza. La diferencia radica en nuestra capacidad de organizar sus elementos para nuestro provecho. Es por ese motivo que, al haber decidido prescindir en gran medida del contacto directo con el medio natural creando lugares para vivir desnaturalizados, como las grandes urbes, cada vez se busca más un retorno para estrechar los lazos con nuestra madre tierra. En esta necesidad tan humana, persiguiendo lo esencial, es habitual que se caiga en el error de escoger únicamente grandes paisajes de postal.  Eso es quedarse en la superficie, yendo hacia el estímulo fácil. En Itinerantur, como en muchas empresas de turismo responsable, ayudamos a interpretar los paisajes dotando de las lentes apropiadas para poder disfrutarlos. Para valorar un territorio, primero se debe comprender. Es por eso por lo que nos autodenominamos traductores de paisajes.

Si hacemos una analogía entre nuestra visión del turismo y el arte, para un pintor, el arte no consiste en plasmar las cosas bellas sino la belleza que hay en las cosas. El turismo responsable va también en esta línea, captando la belleza y la riqueza de recursos que hay en nuestro entorno más inmediato, sin necesidad de acudir a lugares de cuento que nos dejen sin aliento. Con la interpretación del entorno como catalizador de nuestras actividades, nos evadimos fácilmente de nuestro día a día, descubriendo nuevos olores, sonidos, formas caprichosas de la naturaleza, texturas… En general, poniendo a prueba los sentidos y aproximándonos a una comprensión más profunda sobre el escenario que nos rodea y el lugar que ocupamos en él.

Entre las experiencias recientes, en donde nos hemos sentido exploradores por un día accediendo a tesoros que permanecen al resguardo de las hordas de turistas, nombraré brevemente tres que considero bastante ilustrativas. Recorriendo un valle recóndito y selvático de nuestra vecina Oropesa del Mar, tuvimos el placer de encontrarnos un petroglifo que asomaba entre la maleza. La roca que contiene el grabado parece impasible al paso del tiempo.  Por muy inmóvil que esté, seguro que son  pocos los ojos que se percatan y se detienen a intentar descifrar la función y rituales que nos desvela el trazado de su dibujo.

También recientemente, tuvimos la oportunidad de presenciar un coral fosilizado a 1000 msnm, testigo de la orogenia alpina y demás procesos geológicos que han provocado que tengamos una provincia tan montañosa y hermosa. Se encuentra a pocos metros de un pueblo muy visitado de nuestra provincia y sin embargo es ignorado por la inmensa mayoría de sus visitantes.

Son muchos los momentos mágicos que vivimos con los que deciden hacer turismo responsable con nosotros, como sucedió en Montanejos hace poco. Como sabrán, este municipio acoge a muchísimos turistas, especialmente en verano. En cambio, muchos de sus valles permanecen ajenos al bullicio de sus visitantes. Es en uno de sus barrancos que, bajando hacia sus cristalinas aguas atravesamos un bosque en donde imperaba un silencio casi sepulcral que de repente fue perforado por el tamborileo de un pájaro carpintero. Los bosques son como orquestas, compuestas por músicos que hay que saber escuchar. A los pocos minutos, fue una manada de Cabras montés (Capra pyrenaica) las que con su peculiar sonido agudo se alertaban entre ellos de nuestra presencia, muy conscientes de la repercusión que puede tener el hombre en el medio natural.

No hay nada más gratificante en nuestro trabajo que ver reflejada la emoción en la cara de quienes nos acompañan en nuestras rutas, al descubrir algo insólito y tan cerca de sus casas. Es por ello, por lo que creemos firmemente en esta modalidad de turismo, basada en la sostenibilidad y con la capacidad de promover la conciencia hacia la preservación del entorno, tan necesaria en el mundo en el que vivimos amenazado por la emergencia climática.

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