Durante las próximas semanas iremos publicando, bajo el nombre genérico de “Esclavos del plástico”, artículos, comentarios, experiencias personales, vídeos… relacionados con uno de los mayores problemas a los que se enfrenta la Humanidad: la producción y consumo desmedido de un material que, habiendo facilitado inmensamente la vida en las ciudades, está diseñado para envolver productos de usar y tirar y permanece abandonado en nuestros ecosistemas un mínimo de varios cientos de años. Producimos-consumimos-tiramos-producimos-consumimos-tiramos… Miles de millones de personas, todos los días, varias veces al día.
Como ciudadanos poco o mal informados, muchos pensamos que el plástico desaparece de nuestras vidas o se recicla cuando lo tiramos a una papelera o, en el mejor de los casos, al contenedor amarillo. Nada mas lejos de la realidad. Una buena parte se incinera, pasando a nuestra atmósfera todo lo que no puede ser retenido en los filtros que, por ley, han de tener las instalaciones de (ojito a la expresión) “valorización energética”. Y eso aquí, en el mundo occidental y no en todos los casos. Pero, ¿y en los países con leyes ambientales mucho más laxas o sin legislación alguna sobre el tema, que son la mayoría?
Otra parte de los plásticos, los menos pesados y más difíciles de reciclar, simplemente vuelan. Vuelan hacia nuestras calles y hacia los campos pero, sobre todo, hacia el mar. Será en el mar donde se arremolinen en enormes islas de plástico del tamaño de países enteros. Será en el mar donde tortugas, delfines, gaviotas y cientos de miles de animales más mueran por su ingesta o atrapados en él. Será en el mar donde se degrade hasta hacerse del tamaño de pequeñas bolitas plásticas ingeridas por invertebrados y peces que, luego, comeremos los humanos. Y será en el mar donde se quedará hasta que, dentro de miles de años, los arqueólogos del futuro lo recojan para analizar uno de los mayores errores que cometió nuestra civilización. Una civilización que -atención- ha producido en los últimos 10 años la misma cantidad de plástico que en todo el siglo XX.
¿Qué podemos hacer como individuos? Iremos detallando estas y otras cuestiones a lo largo de esta serie especial, pero os podemos adelantar alguna cosa: consumo local, alimentos frescos, reutilizar envases, eliminar las bolsas de nuestras vidas, etcétera, etcétera, etcétera. Pero lo más importante: transmitir todo esto a nuestros amigos, familiares, hijos, etc., de la forma más impactante posible. Y una idea puede ser la siguiente: en Itinerantur, junto con toda aquella persona que nos acompaña en nuestras actividades, siempre recogemos todo tipo de residuo que nos encontramos en la naturaleza mientras caminamos, disfrutamos o nos bañamos. Te pone en contacto directo con el problema, genera debate, preocupación y, está comprobado, cuando llegas a casa miras a todos los productos con otros ojos. Esto se llama CONCIENCIAR y es lo que intentamos no solo en nuestras excursiones, sino también a través de este blog que ahora lees.