MÁS ÁRBOLES EN LAS CIUDADES. 6 BUENAS RAZONES.

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Llenemos todos y cada uno de los espacios vacíos en las ciudades de árboles, arbustos, flores y huertas.

     Más del 50% de la población mundial vive en ciudades, 80% en el caso de Europa. Las urbes son grandes focos de contaminación y, no lo olvidemos, de gasto sanitario derivado de esa misma polución generada por el uso del transporte privado. Es más, muchos piensan que los habitantes de las ciudades deberían pagar más impuestos para contrarrestar los gastos públicos y problemas medioambientales derivados de nuestro destructivo estilo de vida. En resumen: las ciudades son auténticos vampiros de recursos, ya sean alimentarios, energéticos, sanitarios o de otro tipo.

     Sin embargo, ahora sabemos que una solución práctica, simple, eficaz, muy bella y, además, científicamente fundada por organismos internacionales como el PNUMA (Programa de la ONU para el Medio Ambiente), de entre otras muchas que se deberían poner en práctica para frenar el deterioro medioambiental y contrarrestar ese vampirismo urbano, es plantar árboles. Y cuantos más, mejor. La revista Consumer (consumer.es) enumera 6 buenas razones para reclamar más espacios realmente verdes en nuestras ciudades. ITINERANTUR las explica aquí:

1.- Reducen la contaminación.

     Con lo cual mejoran nuestra salud. Es muy lógico, pues aportan oxígeno y humedad a la atmósfera urbana, además de retener parte de los contaminantes emitidos por nuestras actividades cotidianas y atrapar polvo y otras partículas en suspensión, evitando así que las respiremos y reduciendo nuestras visitas al médico. También, los árboles suponen una barrera para el sonido, aliviando la horrible y psicológicamente perjudicial contaminación acústica, y reverdecen nuestro entorno, con el obvio beneficio que todo ello supone para nuestro estado de ánimo.

2.- Ahorran energía.

    Y, por tanto, siguen reduciendo contaminación. En las grandes ciudades siempre se produce la conocida como “isla de calor”: hace más calor en el centro que en las afueras, todos lo hemos notado. Esto provoca un mayor uso de aparatos eléctricos destinados a refrescar el tórrido ambiente de nuestros espacios de vida y trabajo, lo cual a su vez genera más contaminación derivada de la mayor producción de electricidad. Los árboles producen sombra, evapotranspiran agua y, según el PNUMA, pueden reducir hasta 4ºC la temperatura de su entorno. Sólo hay que hacer senderismo por un bosque de carrascas, alcornoques o robles en pleno verano para comprobarlo: el fresco microclima generado es muy evidente. En invierno, por el contrario, muchos de los árboles urbanos pierden sus hojas y dejan pasar la luz del sol y, además, sirven de pantalla contra el viento, aumentando la calidez del ambiente.

3.- Revalorizan tu vivienda, tu barrio y tu ciudad.

     Según TreeHugger (treehugger.com), citando a su vez un blog del portal del norteamericano Consejo de Defensa de los Recursos Naturales, o NRDC (switchboard.nrdc.org), el cuidado de un árbol durante 3 años nos cuesta un máximo de 455 €, pero nos devuelve unos beneficios directos de 68.000 € a lo largo de toda su vida. Calculan también que aumentan hasta un 23% el valor de una propiedad privada arbolada. Además, pensémoslo un momento: si tuvieras que elegir dónde poner tu negocio o, mejor, dónde vivir, ¿mejor una calle desnuda o una con árboles? Las ciudades arboladas son evidentemente más atractivas económica y biológicamente hablando.

4.- Combaten el cambio climático.

     Al absorber CO2 atmosférico. Pero los arbustos y árboles jóvenes lo hacen en mayor medida que los adultos, y unas especies asimilan más cantidad que otras. Un trabajo publicado por el INIA -Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias- evalúa la absorción del gas invernadero para plantas con un fuste de diámetro inferior a 5 cm en 0.73 Kg/año para el quejigo (Quercus faginea), 0.83 Kg/año para el roble melojo (Q. pyrenaica), 2.8 Kg/año para el pino piñonero (Pinus pinea) y 3.11 Kg/año para la encina (Quercus ilex). Por otra parte, la Junta de Andalucía y la Universidad de Sevilla calculan que 2000 árboles y arbustos “muy absorbentes” como los naranjos, limoneros, palmitos, laureles, etc., pueden eliminar de la atmósfera nada menos que 160 toneladas de dióxido de carbono al año.

5.- Aumentan y facilitan la supervivencia de la biodiversidad local (y no tan local).

     Imagina que eres una pequeña ave migratoria. Has realizado un viaje de miles de kilómetros desde el norte de Europa y aún te quedan otros tantos hasta la sabana africana. Sobrevuelas una gran y continua zona urbana, tienes hambre y sed, estás al límite de tus fuerzas y, de repente, desde las alturas atisbas un gran rodal verde con lo que parece un brillante lago en el centro. No te lo piensas: es un buen lugar para reponer fuerzas. Creo que este común ejemplo vale para justificar la quinta afirmación. Los parques urbanos y periurbanos tienen una importancia inestimable como islas de diversidad dentro de zonas urbanas y como conectores ecológicos entre espacios aún sin construir (lo que en ecología del paisaje se conoce como la “matriz”, que en Europa suele consistir en campos cultivados, pastos, etc.), ofreciendo hogar y alimento a innumerables especies animales y vegetales.

6.- Ofrecen servicios ambientales gratuitos, manteniendo la calidad de nuestro entorno.

     Los árboles y la biodiversidad que alojan regalan a la ciudadanía servicios tan importantes como el control de plagas, la polinización de nuestros cultivos, el frenado de la erosión, la fertilización y permeabilización de los suelos, el atenuado de las crecidas de los ríos, y un largo y económicamente positivo etcétera. De forma práctica se puede decir que, sin árboles urbanos, nuestras alcantarillas y sistemas de depuración de aguas tendrían que redimensionarse y rehacerse por completo.

 

     Y ya que nos ponemos a plantar árboles y vegetación en general en nuestras ciudades:

¿Por qué no hacerlo de una manera respetuosa con las futuras generaciones, que homenajee nuestro entorno y que, encima, ahorre gastos energéticos, hídricos y de mantenimiento?

¿Por qué en nuestras ciudades mediterráneas no se planta más vegetación autóctona, árboles y arbustos perennes de nuestros bosques y sotobosques más auténticos, hierbas, plantas aromáticas, lianas, orquídeas?

¿Por qué no promover la sustitución de esos agradablemente verdes pero vampíricos céspedes y setos por una vegetación más nuestra, muy agradecida pero poco sedienta, siempre verde, hogar de las más próximas pero más desconocidas formas de vida, recordatorio permanente del inigualable paisaje que tenemos a pocos kilómetros y que no debemos descuidar?